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Luchando y resistiendo: ¿Qué haría usted?

Post Date:09/30/2015

KaplanEl mes pasado fui de visita a una pequeña aldea costeña de El Salvador para hablar con pescadores, jóvenes artesanos y líderes de negocios de la comunidad acerca de un proyecto al cual IAF otorgó fondos entre 2011 y 2014. Una organización comunitaria coordinadora había solicitado la ayuda de IAF para la conservación de la costa, ecoturismo y mejoras en las prácticas de pesca. Esta fue una de las primeras propuestas revisadas por el personal de la fundación luego de mi incorporación a fines del 2010; así que estaba muy entusiasmado por visitarlos y ver por mí mismo lo qué habían logrado. 

A pesar de los reveses sufridos por un maremoto en el 2012, que lógicamente fue una experiencia traumática, la iniciativa ha cumplido o excedido todas sus metas. Por esto, el proyecto ha sido clasificado con éxito en nuestra revisión final. Las medidas para la conservación de la costa ya estaban dando resultado, generando empleo y aumentando los ingresos de las familias mediante la pesca y las actividades relacionadas al turismo. El hecho que la comunidad estuvo bien organizada con cooperativas y asociaciones que han sido fortalecidas por el proyecto; sin duda contribuyeron a su éxito. Confiábamos que el progreso hecho en todas las areas sería sostenible, a pesar de que ciertos índices muestran un aumento de la delincuencia en la región. Desafortunadamente, durante mi visita me enteré que la situación ha empeorado de una forma que nadie hubiera previsto. 

Después de darnos la mano y de hacer nuestras introducciones, escuché sobre los éxitos del proyecto. Los miembros de la comunidad estaban visiblemente orgullosos y animados por lo que habían logrado mediante sus iniciativas colectivas. Agradecieron a la IAF por haber creído en sus ideas y por haberles facilitado el éxito al haber unido recursos a los de ellos. Escuché sobre mejoras físicas en la comunidad producto del financiamiento recibido o como producto de los ingresos generados de las actividades del proyecto. Ellos contaron cómo el maremoto había arruinado hogares e instalaciones, pero también dejó a la comunidad aún más fortalecida con un sentido de unidad y determinación. 

Luego los miembros de la comunidad me contaron sobre el nuevo reto que enfrentaban esta vez creado por humanos. Una disputa entre dos pandillas rivales se había desatado. En los últimos meses, miembros armados de una de las pandillas habían abordado barcos pesqueros de las cooperativas en mar abierto amenazando de muerte al pescador a menos que saltase fuera del barco. Los miembros de las pandillas se apoderaron de las lanchas, el motor fuera de borda, las redes, equipo y pesca obtenida. Ya habían perdido cuatro lanchas de la docena con la que contaban. Como para recalcar lo que decían, mientras hablábamos llegó noticia de que las pandillas se habían apoderado de una quinta lancha. 

Hablamos del estrago que esto producía en la comunidad. La pérdida de valores y de ingresos amenazaba el sustento de los pescadores y sus familias. Mientras que las pandillas todavía no habían llevado su conflicto a tierra, sus amenazas habían amortiguado toda la actividad económica y las visitas de los turistas se vieron reducidas a cero. Donde previamente la comunidad había percibido posibilidades abiertas y expandiéndose, ahora cada vez se sentían más aislados y limitados. 

Pero no derrotados. Como el gran economista, Albert Hirschman, observó cuando visitó a los socios del donatario de la IAF hace 30 años, la energía social es sorprendentemente resistente, aún cuando abatida por circunstancias aparentemente abrumadoras. Puede florecer de nuevo, a medida que nuevos éxitos crecen a partir de previas derrotas. Los miembros de la comunidad no mostraban signos de derrota. En cambio, hablaron de cómo podían redoblar sus esfuerzos en actividades casi al nivel de la subsistencia que podían efectuar cerca de sus hogares, apoyándose el uno al otro hasta que pasase la tormenta. Conscientes de que luchas similar y aún peor se libran en otras partes del país, informaron a las autoridades locales y nacionales acerca de sus problemas y tienen esperanza de que recibirán ayuda de ese sector. 

¿En vista de estos acontecimientos desde que finalizó el proyecto hace un año, cómo deberíamos pensar hoy acerca del éxito o fracaso del proyecto? Mientras que muchos beneficios tangibles han desaparecido, la comunidad está determinada a sobrellevar sus problemas y demuestra una unidad, fortaleza y resistencia admirables...aún siente gran confianza en sí misma. ¿No son éstos los pilares más fundamentales de una comunidad floreciente? 

Antes de finalizar la reunión, los miembros de la comunidad en la reunión preguntaron si la IAF les ayudaría nuevamente; talvez para reemplazar las lanchas perdidas. ¿Qué haría usted?   

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Robert N. Kaplan es presidente y director ejecutivo de la Fundación Interamericana
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