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Piense en esto: La agricultura orgánica de pequeños productores podría resolver el problema de alimentación

Margaret Francis*

By Inter-American Foundation on Comment

Imagine que su próxima comida depende de cuánta comida pudiera arrancarle a la tierra. La mayor parte de los alimentos del planeta son producidos por pequeños agricultores familiares, que además están entre las personas más pobres del mundo. Con la disminución de tierras productivas, se necesitan soluciones para un mejor cultivo de alimentos y evitar la escasez. ¿Será que las prácticas agrícolas con más responsabilidad ambiental proveen la respuesta?

Todos tenemos que comer. Algunos podemos darnos el lujo de decidir qué, cuándo y cómo será nuestra próxima comida, mientras que otros simplemente están enfocados en la lucha diaria por alimentarse a sí mismos y a sus familias. De hecho, alimentarse es una de las luchas fundamentales, desde el punto de vista del desarrollo humano y ambiental.

Normalmente, cuando pensamos en alimentarnos a nosotros mismos y al mundo, pensamos en la Revolución Verde, la agricultura mecanizada a gran escala y el incremento de la tecnología como la solución. Y si son como yo, que crecí en los estados centrales de los Estados Unidos, al hablar de agricultura lo más grande es lo mejor, ¿verdad? No necesariamente...

De hecho, los pequeños agricultores están a la vanguardia de la sostenibilidad global, si consideramos el futuro de nuestro mundo y de la producción alimenticia. Una tercera parte de los 7.3 mil millones de habitantes del mundo son pequeños agricultores familiares que producen casi el 70 por ciento de todos los alimentos que se consumen a nivel mundial. Los científicos predicen que la población de la Tierra aumentará a 9,7 mil millones para el año 2050, y la mayoría de estas personas se localizarán en países en desarrollo, donde los alimentos se producen en pequeñas granjas. Estas estadísticas ilustran cómo la producción agrícola de las pequeñas granjas puede desempeñar un papel esencial para alimentar a la creciente población mundial.

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Cuando la producción de alimentos es realizada de una forma sustentable y que conserva los recursos naturales, esto transforma a las comunidade que dependen de los mismos!

Es en este contexto que la Fundación Interamericana (IAF) ha apoyado iniciativas que empoderan el acceso de las personas a alimentos frescos y saludables y su capacidad para vivir de la tierra mientras promueven la sostenibilidad para las generaciones futuras. Durante casi tres décadas, la IAF ha apoyado la agricultura orgánica en pequeñas parcelas como una herramienta para promover el desarrollo comunitario básico en América Latina y el Caribe.

El alimentar al mundo no necesita hacerse a costa del medio ambiente. Por el contrario: si la agricultura en pequeñas parcelas se hace de manera sustentable, puede ayudar a la conservación de los recursos naturales y a las comunidades que dependen de ellos. Las técnicas de agricultura orgánica, especialmente si se combinan con el cultivo de árboles (agroforestal), puede crear o mantener paisajes saludables y ayudar a proteger las fuentes de agua, conservar la cubierta vegetal, enriquecer los suelos y diversificar los sistemas de producción. Esto es de particular importancia al considerar lo impredecible de las condiciones climáticas, como las inundaciones o sequías extremas. Además, muchos pequeños agricultores son mujeres o pertenecen a pueblos indígenas, algunos de ellos en las poblaciones más marginadas de América Latina que viven y cultivan en algunos de los territorios más vulnerables, como laderas, tierras áridas y zonas de inundación.

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Vegetales frescos, producidos organicamente en pequeñas huertas familiares.

Consideremos el caso del Gran Chaco, ubicado en una región de tierras bajas semiáridas que abarca partes de Argentina, Bolivia, Paraguay y Brasil. El Gran Chaco enfrenta una de las mayores tasas de deforestación en el hemisferio occidental, después del Amazonas. Es habitado por más de 30 distintos pueblos indígenas y tradicionales que, aunque resistentes, enfrentan desafíos cada vez mayores, como la escasez de agua, que se ven exacerbados por el clima inclemente e, irónicamente, por el avance de la agricultura mecanizada a gran escala y no sostenible. Apoyar los esfuerzos de estas comunidades para cultivar de manera orgánica no es simplemente una cuestión de seguridad alimentaria, subsistencia y preservación cultural, sino también una inversión en un futuro con responsabilidad ambiental para el Gran Chaco y más allá.

Así que, al prepararnos para nuestra próxima comida, pensemos en cómo los pequeños agricultores pueden ayudar al avance de nuestra ecuación alimenticia en vez de quedar en segundo plano. De hecho, podrían ser quienes la transformen.

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* Margaret Francis, representante de la Fundación Interamericana para Argentina y Paraguay

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